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La catedral se inició en 1511. Uno de los motivos ineludibles de visitarla
se encuentra en el cimborrio tardorrománico. La celeridad de su construcción permitió una
gran unidad de estilo, dentro de los cánones borgoñones clásicos, aunque se introdujeron
sustanciales novedades en la cubrición por influencia cisterciense.
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