|
¿QUÉ LUGAR OCUPA EL EJERCICIO FÍSICO EN EL TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES?
Dr. José Bermejo
1. Enfermedades cardiovasculares y estilo de vida
Las personas que padecen una enfermedad cardiovascular o las que tienen alto riesgo
de padecerla en un futuro no muy lejano, como ocurre con los que tienen factores
de riesgo cardiovascular (historia familiar de enfermedad cardiovascular, fumadores,
hipertensos, diabéticos o los que tienen una alteración en las cifras de colesterol
sanguíneo), se deben plantear seriamente un cambio en el estilo de vida si pretenden
reducir el riesgo de problemas cardíacos en el futuro y reemplazar los hábitos que
sean perniciosos para la salud por otros más cardiosaludables. Es preciso que estas
personas tomen consciencia de que precisan un cambio radical en sus costumbres.
Este consejo incluye a las personas que han sido diagnosticadas y tratadas de insuficiencia
cardíaca, que han sufrido un infarto de miocardio o padecen angina de pecho, los
que han sido sometidos a una intervención quirúrgica o percutánea (angioplastia)
dirigida a revascularizar el corazón o han sido intervenidos con otra modalidad
de cirugía sobre el corazón, incluyendo el transplante.
También debieran adquirir hábitos cardiosaludables las personas que, sin haber sufrido
un accidente grave como los arriba mencionados, están afectadas por uno o varios
de los factores de riesgo enumerados antes.
Si alguien se reconoce en alguna de las situaciones anteriormente citadas debe plantearse
seriamente adquirir costumbres más saludables para el sistema cardiovascular. Ello
incluye dejar de fumar, controlar los niveles de presión arterial si se es hipertenso
o de glucemia si ha sido diagnosticado de diabetes y también cambiar los hábitos
dietéticos, pérdida de peso si procede, etc. Entre los hábitos cardiosaludables
a adquirir, la práctica de ejercicio físico de forma regular ocupa un lugar destacado
2. Enfermedades cardiovasculares y calidad de vida
Una persona disfruta de calidad de vida cuando es capaz de desarrollar con libertad
las capacidades que posee. Una persona tiene buena calidad de vida cuando tiene
salud y además aptitud física, entendiendo como tales un estado de bienestar físico,
mental y social y adicionalmente capacidad física suficiente para realizar una actividad
física de intensidad más que ligera sin fatiga excesiva. Se puede decir que la salud
y la aptitud física son componentes complementarios para gozar de una buena calidad
de vida. La aptitud física se adquiere y se mantiene practicando de forma regular
ejercicio físico.
3. Ejercicio físico en las enfermedades cardiovasculares
Efectos beneficiosos del ejercicio físico
No hay actualmente ninguna duda de que la práctica de ejercicio físico beneficia
a la salud. Y esto es cierto tanto en personas que no padecen enfermedad alguna,
como en aquellas aquejadas por alguna dolencia cardiovascular. El ejercicio físico
proporciona a largo plazo unos indudables beneficios en el funcionamiento del corazón
y del aparato circulatorio y también de otros órganos y sistemas como el aparato
respiratorio, el aparato locomotor (huesos, músculos, articulaciones) y el metabolismo.
El ejercicio físico mejora la calidad de vida: 1) al mejorar la aptitud física,
2) al colaborar eficazmente en el control de los anteriormente citados factores
de riesgo cardiovascular, 3) al ayudar a que la persona pueda desarrollar una vida
razonablemente más independiente y acentuar su autoestima, 4) al favorecer la normalización
de las relaciones sexuales y 5) al contribuir, por lo dicho anteriormente, a suprimir
la depresión y la ansiedad causadas por la enfermedad.
¿Puede realizar ejercicio físico cualquier persona con enfermedad
cardiovascular?
Una persona con enfermedad cardiovascular que opta por emprender la práctica
de alguna modalidad de ejercicio físico, lo primero que se debe plantear es si tiene
aptitud física para ello. El ejercicio físico, sobre todo al principio, no es prudente
practicarlo de forma incontrolada. No todas las personas con enfermedad cardiovascular
son aptas para desarrollar una actividad física superior a la necesaria para cubrir
sus necesidades más comunes. Las personas que padecen determinadas lesiones de las
válvulas cardíacas o ciertas afecciones de la aorta deben ser prudentes con la actividad
física a desarrollar, ya que incluso puede estar contraindicada la práctica de ejercicio
físico. Otras situaciones, comúnmente pasajeras, también pueden obligar a desaconsejar
el ejercicio físico al menos temporalmente hasta que de alguna forma pueda ser resuelto
el problema. Su cardiólogo es quien debe determinarlo, por tanto es preciso consultar
con él. Los sujetos en la edad media de la vida que deciden cambiar su estilo de
vida y practicar un deporte u otra forma de ejercicio físico, particularmente las
personas que tienen factores de riesgo, deben plantearse la misma cuestión y antes
de comenzar a desarrollar la práctica del deporte elegido, deben consultar con su
médico o especialista.
¿Qué tipo de ejercicio físico es más recomendable y cómo practicarlo?
Existen múltiples modalidades de ejercicio físico. En un extremo se encuentra
el ejercicio dinámico o aeróbico y en el otro el ejercicio estático o isométrico.
Durante la práctica de ejercicio dinámico los músculos se acortan y estiran rítmicamente
como sucede al caminar, correr, nadar o pedalear. Con el ejercicio isométrico por
el contrario se provoca una contractura muscular intensa con poca variación de la
longitud del músculo como ocurre durante el levantamiento de pesas. Es preferible
con vistas a conseguir un mayor beneficio para la función cardiovascular que el
ejercicio a practicar sea lo más dinámico posible (caminar, nadar, correr, pedalear).
Los programas de actividad física deben estar compuestos fundamentalmente por este
tipo de ejercicio.
Los programas de actividad física se iniciaran con ejercicios de baja intensidad
y de corta duración que pueden repetirse varias veces al día. Progresivamente se
incrementará la intensidad y la duración, como por ejemplo caminar más deprisa o
por espacios de tiempo más prolongados. La frecuencia con que debe realizarse ejercicio
físico es de tres veces por semana como mínimo y la duración de 20 a 60 minutos
diarios. Los mayores beneficios se consiguen cuando se cumplen estas normas.
Idealmente las personas con enfermedad cardiovascular, debieran seguir programas
individualizados de ejercicio físico. La intensidad del ejercicio y su duración
debe ser determinada por la condición física individual y también por el grado de
evolución de la enfermedad. Al menos las primeras sesiones debieran estar vigiladas
y monitorizadas por personal experto (cardiólogos u otros profesionales entrenados
en el reconocimiento y tratamiento de las complicaciones cardiovasculares, etc.),
hasta que se determine el grado de seguridad con que el ejercicio físico puede ser
realizado. Los programas de ejercicio físico individualizados y monitorizados, forman
parte de los programas de rehabilitación cardíaca.
4. Enfermedades cardiovasculares y rehabilitación cardíaca
La rehabilitación cardíaca es una forma de tratamiento destinada a pacientes
con enfermedad cardiovascular que tiene por objeto el establecimiento de programas
personalizados de entrenamiento físico junto con otras medidas entre las que se
encuentran el apoyo psicológico, la información y el asesoramiento necesarios para
conocer su enfermedad y así adaptarse mejor a convivir con ella, para abandonar
hábitos perniciosos como el tabaquismo y controlar adecuadamente los llamados factores
de riesgo como la hipertensión y la diabetes, para cambiar hábitos dietéticos con
vistas a conseguir reducir los riesgos de futuros accidentes dependientes de dietas
poco cardiosaludables, para conseguir una normalización de sus relaciones sexuales,
para conseguir como último objetivo aumentar la autoestima y la seguridad en si
mismo de manera que los pacientes puedan reintegrarse de una forma eficaz a sus
actividades previas, es decir conseguir una reintegración social y laboral lo mas
completa posible.
Los programas de rehabilitación cardíaca están muy extendidos en los países de nuestro
entorno sociocultural, y son prescritos principalmente a las personas que padecen
insuficiencia cardiaca o han padecido un infarto de miocardio, a las que han sido
sometidas a un procedimiento percutaneo de revascularización miocárdica (angioplastia)
o a cirugía de revascularización miocárdica o cualquier forma de cirugía cardiaca
incluyendo el trasplante de corazón. También esta indicada en sujetos que tienen
un problema crónico del corazón y en personas que aún no han sufrido ningún accidente
cardíaco pero que tienen una edad superior a cuarenta años y riesgo elevado de padecerlo
en el futuro, porque tienen factores de riesgo. Los programas de rehabilitación
cardíaca son aconsejados, como parte de los cuidados que se deben proporcionar a
las personas con enfermedad cardiovascular, por la Organización Mundial de la Salud
y por todas las sociedades científicas del mundo occidental sin excepción.
|